Pedro
Panes de Los Ángeles [cuarta parte]
En Búsqueda de su Realidad Histórica
Por Antonio Imbert
A propósito de la publicación del secundo artículo acerca
de los Pedro Panes de Los Ángeles, sobre la epopeya de los niños de la Revolución cubana, recibí una llamada telefónica por
demás interesante. El que escribe es eso precisamente lo que espera, interesar al lector en el tema que expone en su reportaje.
El lector que se comunicó conmigo me advierte
de una incorrección en ese artículo, donde llamo Pedro Pan a los niños del éxodo londinense de la Segunda Guerra Mundial.
Según su observación, ese es un nombre registrado que no pude ser publicado sin autorización. Lo primero que llegó a mi mente
fue la idea que se trataba de un agente de los Estudios Disney, por el uso que hago de la película Narnia. Pero él lo negó,
alegando que no pertenecía a organización alguna, sino que sólo me alertaba de cualquier futura consecuencia legal, etc.,
etc.
Me interesó su charla, y le dije que le agradecería
que me enviara por fax o vía Internet todas las cosas, que según él, no debían ser publicar con referencia a la Operación
Pedro Pan, para discutirlas con mi director. Me preguntó por el nombre del director,
pero claro, si él había leído el artículo en el semanario 20 de Mayo sin dudas sabía quién era el director. Por lo tanto,
le suplique que se identificara conmigo y que no dejara de escribirme, su respuesta fue cortar la llamada.
Como han pasado dos semanas del incidente y no
he tenido noticia suya, decidí publicar esta columna que no estaba en agenda, y además, ampliar mis investigaciones sobre
el origen del éxodo de niños de mayor envergadura del siglo veinte. La Operación Pedro Pan condujo al exilio en Estados Unidos
a más de 14 mil niños en el período de dos años, desde 1960 al 1962, y mantenida en secreto durante casi todo el tiempo de
su ejecución.
El 1960 fue conocido en Cuba como el año del
miedo. Fue patentada la consigna del populacho: “Cuba sí, yanqui no;”
en enero Castro recibió la solidaridad de la China de Mao Zetung; y en ese mismo mes, el líder de la Revolución atacó con virulencia a la Iglesia Católica
Cubana. En febrero recibió al ministro soviético, Anastas Mikoyán, para firmar un pacto comercial y estrechar lazos amistosos
con la Unión Soviética. Estos y otros incidentes de carácter internacional, desembocaron en las primeras intervenciones practicadas
por la Revolución, contra los medios de difusión, las compañías del petróleo y todas las empresas norteamericanas.
Pero el pánico que cundió entre los padres fue
el temor a que sus hijos les fueran arrebatados. El anuncio de Fidel Castro el 27 de mayo fue una puñalada al corazón de la
familia: ‘cada 15 días se integrarían 2,500 jóvenes a los campamentos de adoctrinamientos
revolucionarios existentes en Minas del Frío, en la Sierra Maestra.’
La Patria Potestad en Cuba había sido asesinada
por una Revolución absurda y criminal.
Jim Baker, director de la Academia Ruston de
La Habana, y un grupo de miembros de la Cámara norteamericana del comercio con
Cuba, se entrevistaron con el Monseñor Welsh, director del “Catholic Welfare Boreau de Miami,” para explicarle
la situación de la Patria Potestad en Cuba y el temor de los padres por la seguridad de sus hijos.
A propósito, el Padre Bryan O. Walsh había recibido
en su oficina la visita de un niño, recién llegado de Cuba, que necesitaba atención de un hogar porque carecía de familia.
Su nombre era, o es si aún vive, Pedro. El incidente conmovió al Padre Walsh, que se preguntó cuánto más “Pedros” llegarían de Cuba en estado de desamparo. El 12 de diciembre de ese año 1960, Mr. Beker y
el Monseñor Walsh, se reunieron para decidir el comienzo de la expatriación de los niños cubanos, hasta los 15 años de edad,
mediante la llamada “visa Waiver.” De este modo quedó patentada la
Operación Pedro Pan, en alusión a los “Pedros” [desamparados] que llegarían,
y “Pan” [en honor al niño eterno, Peter Pan, del mitológico mundo del Nuncajamás]
como deberá ser la Cuba del futuro.
En el acuerdo alcanzado con la dictadura habían
participado cubanos, como es el caso de Mongo y Polita Grau Agüero, sobrinos del expresidente cubano, Ramón Grau San Martín,
que tuvieron que pulgar 21 y 14 años en las cárceles políticas por su osadía.
Casi todos los protagonistas, cuando no todos,
han muerto ya después de casi medio siglo del éxodo de los niños. El Padre Walsh falleció en el 2001, a los 71 años de edad,
“habiendo dejado un libro de memorias sobre la Operación Pedro Pan y sus experiencias
con los refugiados.”
La escritora Ivette Leyva Martínez, ha dicho:
“Con apenas 30 años de edad, Walsh no sólo fue el promotor del mayor éxodo infantil
que conoció el siglo XX, sino que devino en padre adoptivo de una generación de niños cubanos a quienes protegió, alimentó
y sirvió de guía espiritual en momentos difíciles.”
Yo le preguntaría al lector anónimo que me alertó
sobre los derechos del nombre Pedro Pan, ¿a cuál de los mencionados anteriormente
se le adjudicará la propiedad jurídica del hecho histórico: Jim Baker, Mons. Walsh, Mongo o Polita Grau.? ¡Por favor!
imbertantoniog@yahoo.com