Los Pedro Panes de Los Ángeles [tercera parte]
LA BÚSQUEDA DE LA MEMORIA HISTÓRICA
Por Antonio Imbert
La cruzada de los niños es un libro por
demás peculiar. Hace algún tiempo que llegó a mis manos y desde entonces reposa en la sala de espera, con otro material que
aguarda su turno para ser leído. En cambio, ahora decidí soplarle el polvo del estante, instado por ese movimiento Pedro Pan de Los ángeles, en la búsqueda de la verdadera razón del doloroso éxodo de su niñez;
y que bien pudiera ser nombrado ‘la cruzada de los niños cubanos.’
La cruzada
de los niños es una novela histórica, escrita por Peter Berling, y al momento de redactar esta columna no he pasado del
prólogo. Por supuesto, novela es ficción y con esa idea en cuenta fue que pospuse la lectura del libro. Sin embargo, con sólo
leer la sinopsis de la obra se puede concluir que la temática de la novela de Berling mantiene un fiel apego a los hechos
histórico de ese fascinante acontecimiento.
La inaudita aventura juvenil de aquellos siglos
de cruzadas es considerada uno de los episodios menos conocidos de la historia, a
pesar de ser un suceso trágico y novelesco. Miles de niños y adolescentes se convocaron en Francia y Alemania para reunirse
y emprender una riesgosa travesía, con la finalidad ilusa de liberar a Jerusalén. La aventura emprendida era puramente romántica
y soñadora porque se trataba de jovencitos sin experiencia militar y armados únicamente con su fe y sus ilusiones. Esta épica
aventura fue inspirada por dos adolescentes clarividentes, según se decía, y que habían
recibido el mensaje divino de liberar la ciudad santa. Lo curioso es que estos dos jóvenes profetas recibieron el mismo mensaje,
en Francia y Alemania simultáneamente
Sin embargo, ni uno sólo de ellos llegó a Jerusalén;
el coraje sin precedente quedó en la peligrosa travesía. Los niños fueron ferozmente masacrados a lo largo de la trayectoria.
Diezmados por el cansancio, el hambre y los cazadores de esclavos, muy poco sobrevivieron a los asesinatos y las enfermedades.
La epopeya de los jóvenes-niños ocurrió en el
año 1212, y algunos historiadores dicen que fue quizá una inspiración romántica de esa era de tantas cruzadas. La primera
cruzada por la fe se produjo en el 1098, cuando cien mil cristianos se lanzaron a la lucha por el Santo Sepulcro, y por casi
cuatrocientos años las cruzadas se sucedieron simultáneamente por motivaciones religiosas, hasta que en el 1492 Los Reyes
Católicos de España expulsaron de la Península Ibérica el último reducto de los moros musulmanes. Quizá debía pensarse, y esto lo diremos a modo de paréntesis, que la guerra
que se libre actualmente en Irak y Afganistán contra el extremismo musulmán, tiene las mismas viejas rencillas y los mismos
elementos de un nuevo despertar de las antiguas pasiones que motivaron las cruzadas de hace diez siglos.
En el capítulo anterior hablamos de una cruzada
diferente, la de la ilusión de vivir para siempre feliz, emprendida hace un siglo
por el mitológico Peter Pan, y si se ha convertido en la cruzada imperecedera de la historia, es porque está afianzada el
la esperanza de que los sueños irreales se hagan realidad.
. La más moderna cruzada de la infancia y adolescencia
ocurrió en el hemisferio americano hace 46 años, y sucedió en el pequeño imperio comunista de La Habana. El Tirano lo quería
todo de los niños, incluyendo sus almas, para crear el anhelado hombre nuevo de su sueño. Los padres que se opusieron al ensayo
no tuvieron otra opción que lanzar sus hijos a una incierta cruzada, sin parangón en la historia de América. Aunque muchos
niños de todo el continente migran a Estados Unidos todos los años, no puede ser considerada esta emigración una cruzada.
Las motivaciones económicas de los niños que migran son muy difieren al éxodo forzado por la ideología política y criminal
de un Tirano cruel.
La generación Pedro Pan venció, le ha hecho honor
a su nombre y los ideales del Peter Pan de Neverland se han cumplidos en el exilio
cubano. Ellos supieron revertir la terrible tragedia en felicidad; porque nada es más feliz que tener que un hogar, una familias
y vivir un país de libertad.
Soy padre y no puedo imaginar como aquellos padres
lo hicieron. Me creo incapaz de calzar sus zapatos No conozco a muchos de esos
héroes pero a todos los felicito por valientes, e inclino mi frente ante el que tengo más cerca, el querido don ‘Perico’
Díaz.
imbertantoniog@yahoo.com